Hace unos días, mi sobrino de tres años fue encontrado por su madre rasurándose la reluciente piel de bebé de su quijada. El resultado fue una gran cortada en el mentón y una fobia a los rastrillos. Ahora me tocará a mí explicarle durante su juventud que su gusto por la barba y, sobre todo, en las mujeres no obedece a ninguna postura post post hippiosa, si no más bien a una ridícula intención de hacer algo sobre lo que no tuvo ni la más mínima idea.
El matrimonio es lo más parecido al pobre de Bruno haciéndose una cortadita de aprendizaje que le mostrará que los rastrillos sólo se usan en determinada edad y por determinada gente, justo como el matrimonio. Ahora sí en vez de una fobia, produce una filia, estará más que listo para cualquier rasurada. Hay de gustos a gustos: yo, desde hace meses, no aguanto que me pique la barba.
5 comentarios:
Están pollitos. Yo dejé de tener esas cavilaciones después de mi 3er matrimonio -esa arpía modelo pre-teen de trajes de baño brazileña.
Esa imagen ya la había visto antes, cerré los ojos unos segundos y lo recordé, no sin antes decir para mí mismo "¡por supuesto!":
Je vis assis, tel qu'un ange aux mains d'un barbierO sea -y haciendo circular este comentario- están pollitos.
ah! y recordé en perfecto francés y con el código HTML incluido.
unas nalgadas le hubieran dado a ese chamaco
Hey, bienvenido a blogger, los siempre petulantes pero encantadores comentarios del d serán tu novatada.
Hola! que gusto encontrarte por aqui,estamos en contacto. Rod te manda saludos, :)
Publicar un comentario